Foto: Markus Spiske en Unsplash

Mucho he oído hablar de automatización o de elementos automáticos. De allí a que me pusiera a buscar el significado de “automático” a fin de entender mejor el concepto. Así encontré que puede definirse como: “que funciona por sí solo o que realiza total o parcialmente un proceso sin ayuda humana”, comprendiendo en parte el alto requerimiento que se visualiza por parte de empresas y emprendedores de buscar o contar con herramientas automáticas para el desarrollo de algunas de sus tareas.

Pero, como decía la gran Mafalda, todo sirve para algo, pero nada sirve para todo, entonces encontré que también significa: “que se hace sin pensar o de forma involuntaria”, y esta definición es la que más me ayudó a entender el fenómeno de la automatización.

Son muchos los que se quejan producto de que sus equipos automáticos no efectúan las tareas como corresponde o que no entregan los datos que son útiles. Incontables veces adquirimos un software de gestión, contable o de administración, sabiendo que no es cualquier compra. La mayor información es el dato que alguna vez escuchamos o el folleto que vimos. No exigimos mayor información, ni mucho menos solicitamos pruebas o demostraciones para identificar que satisface los requerimientos de tu organización.

En el mercado existe una gran cantidad de softwares o equipos automáticos que indican que realizan todos los procesos por ti y con ello te liberarás de la carga administrativa u operacional que tiene tu empresa, pero alguien o quizás muchos deberán alimentar con información el sistema para que pueda funcionar o programar el equipo para que ejecute las funciones que deseas. Deberás reestructurar tus procesos acorde a cómo funciona el software o el equipo nuevo y en ocasiones, cuando esta reestructuración es bien ejecutada, será positiva. Por el contrario, puede ser un desastre a nivel administrativo o de producción.

Entonces el fracaso de los sistemas automáticos es que si bien el programa o equipo nos hace “todas” las tareas, puede que no haga “nada” de todo lo que queremos, pues no le hemos entregado la información de partida para que ejecute sus funciones automáticas. Lo comprendí cuando casi me deshago del último reloj despertador automático que tengo, pues ninguno me despertaba a la hora, hasta que supe que tenía que activar la alarma. Esa función era mía. Softwares y equipos automáticos también requieren de funciones humanas o de personas, que sin el compromiso de entender estos sistemas automáticos o “que hace las cosas sin pensar”, destinan a la joya automática adquirida al rotundo fracaso.

Antes de elegir programas de automatización o equipos de operación, informarte, capacítate y prueba, luego de ello decide con conocimiento. De este modo lograremos que “algo haga todo lo que requerimos”, pero no lo perdamos de vista: el control es la clave para la mejora permanente.

Por:
Marcelo Romero Rodríguez
Área de Bienestar en Salud y Seguridad Ocupacional
BOSS Asesorías SpA.